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Campo con una curiosa forma: el mapa de Argentina
Como habíamos anticipado unas semanas atrás, nos fuimos a dar la vuelta a los Valles Calchaquíes en bicicleta. El equipo se formo con Gary, Sandra, Nacho y quien escribe, Francisco Castellanos.
Nuestro vehículo de apoyo
Gary y Sandra, nos vinieron a visitar desde Estados Unidos y se encargaron de planificar el viaje al más mínimo detalle con muchos meses de anticipación. MTB Salta se encargo de armarles el programa y planificar los detalles para que esta travesía en Mountain Bike se convirtiera en una experiencia imborrable de sus vidas. El día de la partida llegó. Salimos muy temprano en dirección a Cachi, un pequeño pueblo ubicado a 165 km de la ciudad de Salta, al cual se llega luego de atravesar la Cuesta del Obispo y la Piedra del Molino. Desde este punto, a 3348 msnm comenzamos nuestra travesía en bicicleta.
La niebla inundaba todo y el frio nos hacía recordar que estábamos en plena pre cordillera. La primer parte del camino la descendimos de manera muy cómoda y rápida hasta que fue la hora de nuestro primer Pic-Nic, el cual fue en plena Recta de Tin-Tin.
Llegamos a Cachi, nos ubicamos en el hotel y nos fuimos a hacer unos circuitos por la zona. Primero fuimos hacia Cachi Adentro, desde donde teníamos una visión privilegiada del Nevado de Cachi, una mole montañosa de más de 6700 msnm. Volvimos por el sitio arqueológico de Las Pailas, para luego subir la cuesta hasta el
Cementerio de Cachi
cementerio de Cachi, uno de los más pintorescos del Valle Calchaquí. Al otro día, partimos temprano en dirección a Molinos. Ya estábamos más aclimatados a la altura, el sol y a la sequedad que reina en los valles. El camino se hizo más dificultoso que el día anterior debido al ripio tan característico de la ruta 40 y las subidas y bajadas que nos ponían a prueba cada kilometro. Entramos por el desvío a Seclantas para visitar el Camino de los Artesanos, cuna de los mejores y más finos ponchos salteños.
Después de un buen almuerzo en la plaza de Seclantas, nos preparamos para afrontar la cuesta que nos separaba de Molinos, a donde llegamos a media tarde. Nos fuimos al hotel, la lujosa casa reconstruida que perteneció al último gobernador realista de la provincia. Descansamos y disfrutamos de las comodidades para juntarnos luego y comer en el restorán del hotel.
Pedaleando en plena Quebrada de las Flechas
Un paisaje de otro planeta...
El día comenzó de la mejor manera, con buen humor y con el cuerpo relajado por haber descansado bien. La jornada quizás sería la más dura del viaje, pero sin dudas la que nos regalaría los mejores recuerdos visuales, ya que atravesaríamos la Quebrada de las Flechas, una zona mágica, con paisajes alucinantes. No nos equivocamos, ésta quebrada no decepciona y nuestros amigos americanos no paraban de sacar fotos y de comentar que parecía un paisaje fuera del planeta tierra.
Cuando terminó la quebrada comenzamos a anticiparnos a lo que tanto veníamos hablando. Jim era un apasionado de las cervezas artesanales, y estaba muy ansioso por conocer y probar alguna cerveza local. Averiguando un poco y gracias a los contactos de nuestro guía estrella Nacho, conseguimos el dato de una finca en San Carlos en donde se produce cerveza artesanal de forma muy limitada y exclusiva.
Degustando una excelente cerveza artesanal
El dueño, un belga conocedor de una fórmula perfecta, nos recibió y nos convidó con sus tres variedades de cerveza, rubia, negra y roja. De más esta decir que la calidad de las mismas era excelente y todos quedamos muy satisfechos con la degustación. Compramos algunas botellas para poder disfrutarlas a la noche en Cafayate. Seguimos pedaleando los pocos quilómetros que nos separaban de Cafayate y llegamos al atardecer.
La Quebrada de Cafayate siempre sorprende
Nos alojamos esta vez en el hostal de Lilian del Valle, una gran amiga que nos recibe siempre con los brazos abiertos y su habitual camaradería. Ya era tarde para visitar bodegas, por lo que fuimos a comer a El Rancho y nos fuimos a descansar para al otro día comenzar temprano visitando bodegas donde se produce el mejor vino blanco de la región, en su variedad Torrontés.
Después de visitar algunas de las bodegas más características de Cafayate, comenzamos el cuarto día de travesía, esta vez siguiendo la Quebrada de las Conchas o de Cafayate. En teoría esta parte es relativamente sencilla en comparación a los días anteriores donde debimos afrontar subidas y bajadas en caminos de ripio con muchas piedras sueltas. El problema se presento cuando el viento comenzó a soplar tan fuerte, que hacía casi imposible el pedaleo. Obviamente esto no iba a impedir que sacáramos fuerzas para poder completar el último día de travesía. Con mucho esfuerzo atravesamos la quebrada parando en El Anfiteatro y La Garganta del Diablo entre otros, sus mayores atractivos.
La colorida Quebrada de las Conchas o de Cafayate
En conclusión, fue una travesía a la que estamos acostumbrados ya que la realizamos hace más de 4 años pero que nunca deja de sorprendernos. El clima, los colores, la gente, no son componentes estáticos por lo que cada viaje se convierte en algo único, irrepetible y difícil de olvidar.
Hasta la próxima!!
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